“Soy incapaz de entender las matemáticas” o “me bloqueo ante los números” eran frases frecuentes de mi hijo para justificar sus suspensos en asignaturas como Matemáticas o Física. A eso, se sumaba la frustración por mi falta de tiempo para ayudarle. Yo misma llegué a pensar que quizá mi hijo no era capaz. No sospechaba el giro de 180° que puede suponer la atención personalizada de un profesor particular. Poco a poco, con un esfuerzo constante ha eliminado sus fantasmas.
A mi edad, había intentado de todo para aprender inglés: cursos por fascículos, academias, etc. La verdad es que no pensaba que podría sacar ganas de ningún lugar. Un amigo me recomendó que lo intentara con las clases particulares de inglés. Con la atención personal de un profesor nativo comencé a progresar rápidamente y he alcanzado un buen nivel en lo que siempre me había costado más: las conversaciones.
Mi hija había superado sin problema cada curso hasta que llegó a 4º de ESO. Aparentemente no tenía carencias en cuanto a técnicas de estudio, más bien se trataba de problemas personales y de apatía, algo normal, supongo, en ese tipo de edades. El profesor particular demostró ser todo un profesional y consiguió motivarla rápidamente, haciéndola ver la importancia de los estudios.
Cuando mi hijo llegó a casa con cinco asignaturas suspensas fue una sorpresa para mí porque es un muy reservado y no sospechaba sus problemas. La situación era complicada porque, cursando Bachillerato, sacar buenas notas era importante para su futuro. Para saber cuál era la razón de su fracaso, mi mujer y yo mantuvimos una conversación con el coordinador pedagógico en la que nos hizo saber que la causa era probablemente falta de conocimiento de técnicas de estudio. Se elaboró un plan que el profesor particular fue ejecutando y ya en el segundo trimestre los resultados fueron satisfactorios.
Después de cada verano me daba cuenta de que a mis hijos les costaba mucho arrancar el curso y de que el parón les afectaba en su rendimiento. Hasta entonces había tenido una profesora de Acadomia durante el curso para impartirles clases de apoyo a lo largo del curso. Me hablaron de su programa para el verano. Gracias a la confianza que mis hijos tenían con la profesora, ni siquiera pusieron muchos “peros” a dar clases en verano. Así, conseguimos que no perdieran los conocimientos del curso anterior y comenzaran el curso más entonados.
